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La prevención del riesgo trombótico en pacientes con Covid-19 reduce la mortalidad

La monitorización de la hemostasia y la prevención es esencial en pacientes con Covid-19 para reducir sus complicaciones. La campaña del Día Mundial de la Trombosis, World Thrombosis Day (WTD) que se celebra el próximo día 13 de octubre, se centra este año en las relaciones entre COVID-19 y trombosis y cómo esta infección tiene un gran impacto sobre los mecanismos de coagulación.

Con más de 35 millones de casos confirmados y más de un millón de muertes a día de hoy en todo el mundo, la pandemia provocada por COVID-19 representa una de las más importantes crisis sanitarias del momento actual.

El presidente de la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia, el Dr. José Antonio Páramo, asegura “que es imprescindible aunar esfuerzos encaminados a la prevención, diagnóstico y tratamiento, lo que es especialmente relevante en el ámbito de la trombosis, por ser ésta una complicación frecuente y grave de COVID-19”. Y añade, “puede ser potencialmente mortal y con impacto significativo sobre la calidad de vida de los pacientes que sobreviven al evento trombótico”.

En España, el próximo 13 de octubre de 16:30 a 17:30h se celebrará un webinar bajo el título: Riesgo trombótico y covid-19: ¿Qué hemos aprendido? Y que estará  coordinado por el Dr. Juan Carlos Reverter Calatayud.

Incidencia

Se calcula que aproximadamente  uno de cada 5 pacientes infectados por el coronavirus SARS-Cov-2 desarrolla una infección grave caracterizada por neumonía, sepsis y síndrome respiratorio agudo cuyo curso puede resultar fatal. Asimismo, se ha puesto de manifiesto que los pacientes hospitalizados que presentan manifestaciones respiratorias o sistémicas graves muestran una coagulopatía, caracterizada por niveles elevados de fibrinógeno y dímero D, indicando un estado de hipercoagulabilidad, el cual se asocia con complicaciones trombóticas, fundamentalmente tromboembolismo venoso (TEV) en hasta el 30% de los casos.

También  se han descrito trombosis en otras localizaciones como cerebral (ictus), cardiaca (infarto) o extremidades (arteriopatía periférica). Además  se produce una respuesta inflamatoria, “tormenta de citocinas” que conduce a la formación de microcoágulos (inmunotrombosis) en la circulación pulmonar que contribuye a la elevada mortalidad observada en estos pacientes.

Además, las personas con cáncer o que han sido sometidas a sesiones de quimioterapia y/o radioterapia tienen más posibilidades de sufrir una trombosis. “Muchos de los pacientes pasan días enteros en la cama, se les insertan catéteres en las venas o son sometidos a cirugía, factores de riesgo para esta enfermedad”, aseguró.

Como resultado de este estado protrombótico diversas sociedades científicas, entre ellas la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH), recomiendan “una estrategia de profilaxis antitrombótica en todo paciente hospitalizado con COVID-19”.

Según el Dr. Páramo, “reducir la carga trombótica debe ser un objetivo y una clara llamada a la acción”. Para ello, se requiere “implementar las medidas (escalas, etc.) que permitan la valoración individualizada del riesgo trombótico de los pacientes hospitalizados, establecer sistemas consensuados de prevención, diagnóstico y tratamiento del TEV, incluyendo  el periodo post-hospitalización y determinar herramientas que permitan recopilar la información clínica  para generar conocimiento sobre la enfermedad, su evolución y posibles secuelas postrombóticas”, explicó.

Prevención

 

La realidad es que el TEV se puede prevenir en muchos casos conociendo los factores de riesgo. Partiendo de que cualquier persona, a cualquier edad, puede tener un episodio trombótico, existen unas condiciones que aumentan la posibilidad de sufrir TEV, entre los que destacan hospitalizaciones prolongadas, someterse a cirugía mayor (ortopédica, abdominal, oncológica, etc), presentar ciertas alteraciones genéticas o sufrir cáncer.

 

La buena noticia es que a pesar de la magnitud del problema, el TEV puede prevenirse muy eficazmente con métodos físicos y farmacológicos, lo que es especialmente relevante en pacientes inmovilizados como consecuencia de la hospitalización por un proceso médico o quirúrgico.

 

 

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